La atrocidad cometida en México en septiembre nos ha recordado a la barbarie sucedida en Kenia recientemente. En el caso de los estudiantes de Ayotzinapa, eran 43 estudiantes de magisterio de un centro público y gratuito que solo selecciona como alumnado a miembros de familias pobres. Por tanto, ellos que habían vivido la pobreza querían ofrecerle educación a los niños, hablarles desde su experiencia para darles claves para que se construyeran un futuro mejor. Futuro que ya ellos no podrán construir.
En el pasado mes los familiares de estos estudiantes recorrieron EEUU en lo que llamaron Caravana 43 pidiendo justicia y que la comunidad internacional interviniese en las investigaciones porque a día de hoy no han encontrado los cuerpos de sus seres queridos desaparecidos. Los familiares siguen albergando la esperanza de encontrarlos vivos pese a que el Gobierno ha afirmado sin pruebas concluyentes que están muertos. Creo que no podríamos alcanzar a imaginar el dolor y la desesperación de los familiares y seres queridos ante su cotidiana incertidumbre.
Lo ocurrido en Kenia es desgarrador. Cuesta asimilar que se haya irrumpido en una universidad y se haya acabado con la vida de 147 personas inocentes para extorsionar al Gobierno usando así vidas humanas como moneda de cambio.
En ambos casos la crueldad más brutal e incivilizada invadió y profanó espacios de convivencia dedicados al crecimiento intelectual y académico... ¿Serán capaces de retomar el curso académico los alumnos y profesores supervivientes?
La mayoría de los estudiantes desaparecidos o asesinados no superaba los veinte años de edad. Todos estaban rebosantes de vida, planes e ilusiones, igual que nosotros. Pero esa vitalidad y esos sueños fueron arrebatados repentinamente por quienes se creyeron con poder para acabar con lo más sagrado que existe que es la propia vida.
Ante estos hechos sentimos impotencia y rabia porque no podemas más que expresar nuestra total repulsa por lo ocurrido solidarizándonos con las víctimas, sabiendo que son vidas, como por ejemplo pretende poner de manifiesto la iniciativa colaborativa #147notjustanumber que trata de asignar nombres e historias a los 147 jóvenes fallecidos, que no solo debían ser similares a nosotros, sino que incluso, podríamos haber sido nosotros mismos.
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